En los últimos años, la preocupación por la presencia de microplásticos se ha extendido, ya que se detectan en diversas partes del planeta, desde el hielo polar hasta el agua potable. Estas partículas, generadas por la descomposición de plásticos, plantean incertidumbres sobre sus posibles impactos en la salud y el ecosistema. Un nuevo estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, revela la existencia de nanoplásticos, una forma más pequeña y menos explorada de microplásticos, en el agua embotellada. Cada litro de agua contenía aproximadamente 240.000 fragmentos de plástico, 10 a 100 veces más que las estimaciones anteriores. Los nanoplásticos, al ser aún más diminutos, pueden ingresar directamente al torrente sanguíneo y afectar órganos como el corazón y el cerebro, planteando preocupaciones sobre posibles efectos en la salud humana.

La producción mundial de plástico se acerca a los 400 millones de toneladas anuales, con más de 30 millones vertidos en el agua o la tierra. A diferencia de la materia orgánica, los plásticos no se descomponen en sustancias inofensivas, sino que se dividen en partículas cada vez más pequeñas. Los nanoplásticos, siendo más pequeños que los microplásticos, presentan desafíos únicos al poder ingresar al cuerpo a través de los intestinos, pulmones y llegar a órganos como el corazón y el cerebro. Este descubrimiento destaca la complejidad de la contaminación plástica y la necesidad de comprender sus impactos a nivel molecular.

El estudio utilizó una tecnología avanzada de microscopía para contar e identificar los nanoplásticos en tres marcas populares de agua embotellada en los Estados Unidos. Encontraron entre 110.000 y 370.000 fragmentos de plástico por litro, siendo el 90% nanoplásticos. Los científicos también identificaron siete tipos específicos de plásticos, incluyendo PET, poliestireno y cloruro de polivinilo. Sin embargo, aproximadamente el 10% de las nanopartículas encontradas no pudieron ser identificadas, señalando la complejidad de la composición de partículas en el agua.

Los investigadores planean expandir su estudio a otras fuentes de agua, como el agua del grifo, aguas residuales y nieve recogida en la Antártida. Además, colaboran con expertos en salud ambiental para analizar los efectos neurológicos y de desarrollo de los nanoplásticos en tejidos humanos. Este hallazgo destaca la necesidad urgente de comprender y abordar la contaminación plástica en sus formas más pequeñas y menos exploradas.