El consumo mundial de fármacos ha ido en aumento durante la última década. Entre 2000 y 2019, el uso de medicamentos para reducir el colesterol casi se cuadruplicó en los países de la OCDE, el uso de antidepresivos y antidiabéticos se duplicó y el uso de antihipertensivos aumentó en un 65 %. Solo en España, se vendieron cerca de 817 millones medicamentos sujetos a prescripción médica en los primeros nueve meses de 2022.

Una porción del fármaco o principio activo que ingerimos es excretada por nuestro cuerpo en la orina o las heces, ya sea intacta o convertida en metabolitos. Estos medicamentos y sus metabolitos terminan en plantas de tratamiento de aguas residuales, donde no pueden eliminarse por completo porque no fueron diseñadas para manejar tales compuestos. De esta manera, todos los días se liberan grandes cantidades de productos farmacéuticos a las aguas superficiales a través de las descargas de aguas residuales.

La mejora de los equipos de detección y el desarrollo de métodos analíticos más potentes nos han brindado la oportunidad de detectar en el agua superficial y en otras matrices ambientales aquello que hace unos años era un mundo invisible y complejo.

La presencia de los residuos de medicamentos en los recursos hídricos aún no está regulada. Sin embargo, la Unión Europea (UE) ha establecido unas “listas de observación” (decisiones de ejecución 2015/495, 2018/840, 2020/1161 y 2022/1307) con el objetivo de recabar datos de seguimiento de sustancias para las cuales hay sospecha de que pueda existir un riesgo significativo para el medio acuático y, a través de este, para el ser humano.

En dichas listas aparecen varios fármacos como, por ejemplo, el antibiótico sulfametoxazol, el antidepresivo venlafaxina y el antidiabético oral metformina.

Los fármacos son moléculas biológicamente activas diseñadas para obtener un efecto farmacológico sobre los organismos vivos. No es sorprendente, por tanto, que la exposición constante de los organismos acuáticos a residuos de medicamentos pueda tener un impacto negativo sobre su salud.

Uno de los mayores retos para evaluar el riesgo que conlleva la presencia de fármacos en los alimentos es disponer de datos de concentración fiables y, por tanto, de estudios en condiciones de campo y técnicas analíticas potentes. Tener en cuenta la compleja mezcla de sustancias que están disueltas en el agua como consecuencia de la actividad antrópica es, al mismo tiempo, esencial y desafiante para la evaluación del riesgo.

Los datos sobre la presencia de los fármacos en el medio ambiente no son alentadores. Existen posibles opciones clave para mitigar este problema actuando en los diferentes sectores de producción de los medicamentos y a nivel de eliminación de residuos y del tratamiento de las aguas residuales. Además, es esencial fomentar el uso prudente de los medicamentos.

Fuente: The Conversation