Se necesita alrededor de un litro y medio de agua diariamente para que nuestro cuerpo funcione correctamente. Sin embargo, la presencia de microplásticos en nuestra agua potable plantea incertidumbres sobre sus posibles efectos en la salud humana debido a nuestra limitada comprensión sobre su distribución y efectos. La legislación europea sobre agua potable proporciona herramientas legales para monitorear estos contaminantes emergentes en toda la Unión Europea.

El monitoreo de los microplásticos en el suministro de agua es crucial para proteger tanto la salud humana como el medio ambiente. A pesar de ello, medirlos sigue siendo un desafío debido a su variabilidad en tamaño, forma y composición. Para abordar esto, el Centro Común de Investigación (CCI) ha desarrollado una metodología que estandariza el proceso de muestreo, análisis y presentación de datos, lo que es un paso significativo hacia la eventual fijación de niveles de exposición en la UE.

La metodología del JRC, parte del CCI, identifica materiales, tamaños relevantes y métodos de muestreo y análisis necesarios. Los datos de análisis muestran que los microplásticos en el agua potable europea tienden a ser generalmente bajos, con concentraciones que van desde 0,0000 a 0,6 partículas por litro. Se han identificado polímeros comunes, como el polietileno y el polipropileno, en estas muestras.

La Comisión Europea está tomando medidas para abordar la amenaza potencial de los microplásticos para la salud y el medio ambiente. La metodología desarrollada por el CCI se ha integrado en la legislación de la UE, lo que requerirá que los Estados miembros monitoreen los microplásticos en el agua potable utilizando esta metodología. Esto forma parte de un esfuerzo más amplio para proteger la calidad del agua potable en toda la Unión Europea.