Nebraska depende en gran medida del agua subterránea, ya que se sitúa sobre el mayor acuífero de los Estados Unidos. Los agricultores en el estado utilizan el 60% de sus campos, más de 8 millones de acres (unos 3 millones de hectáreas), para cultivar maíz, soja y otros cultivos mediante la irrigación. Aunque la recarga del acuífero ocurre con precipitaciones y deshielo, la actividad humana ha comenzado a poner a prueba su renovabilidad.

Investigaciones de la Universidad de Nebraska revelaron que, mientras el volumen de agua subterránea en la mitad oriental del estado ha aumentado en las últimas décadas, el acuífero en la parte semiárida occidental ha perdido agua, hasta 50 pies en algunas áreas. Menos agua subterránea implica menor capacidad de riego y, por ende, menores rendimientos agrícolas, destacando la importancia de gestionar eficientemente cada gota.

La evapotranspiración, que considera la pérdida de agua por evaporación y transpiración de las plantas, es crucial para determinar las necesidades de riego de los cultivos. Investigadores del Instituto Global Daugherty Water for Food analizaron datos de un campo irrigado de Nebraska y descubrieron que las pautas comúnmente aceptadas para los coeficientes de riego sobreestimaban las necesidades de riego en condiciones de alta evapotranspiración, especialmente durante años de sequía como 2002 y 2012.

Recomiendan revisar estos valores para optimizar el uso del agua, conservar la reserva subterránea y minimizar la escorrentía agrícola, todo mientras se mantienen los rendimientos de los cultivos.