La historia de los ríos entubados en Ciudad de México se remonta a las décadas de 1940 y 1950, cuando el Gobierno decidió ocultar los caudales debido a la contaminación que transportaban y para facilitar la construcción de grandes avenidas para el tráfico vehicular. Este proceso afectó a ríos como el de la Piedad, que hoy está cubierto por el Viaducto Miguel Alemán. Aunque inicialmente se vio como un avance en el desarrollo urbano, ahora se plantea rescatar estos cauces para mejorar el entorno ambiental y social de la ciudad.

La propuesta de desentubar el río de la Piedad, planteada en un reciente debate entre candidatos a gobernar la ciudad, busca devolver a la superficie un curso de agua que atraviesa la urbe de oeste a este. Este proyecto, liderado por especialistas como Elías Cattan, implica no solo sacar el río a la luz, sino también crear áreas verdes, carriles para transporte público, humedales para el tratamiento de aguas residuales y espacios de recreación a lo largo de su cauce.

La mejora de la calidad del agua y la mitigación de la escasez hídrica son objetivos importantes del proyecto. Tratar las aguas residuales en origen y reutilizarlas puede ayudar a conservar recursos y reducir la contaminación de los cuerpos de agua. Además, la revitalización de los ríos entubados puede contribuir a la regulación del clima urbano, la promoción de la movilidad sostenible y la creación de nuevos ecosistemas en la ciudad.

A pesar de los beneficios potenciales, el proyecto enfrenta obstáculos como el alto costo estimado, aproximadamente 17.000 millones de pesos, y la necesidad de un compromiso político continuo a lo largo del tiempo. Sin embargo, experiencias internacionales como la del río Cheonggyecheon en Seúl demuestran que los beneficios ambientales y sociales pueden superar estos desafíos. La implementación exitosa de la propuesta podría sentar un precedente para la regeneración de otros cuerpos de agua en la ciudad, formando una red metropolitana de espacios revitalizados y sostenibles.