El estudio dirigido por Griffith, publicado en Nature Sustainability, analiza la posibilidad de satisfacer las necesidades humanas básicas de agua sin exceder los límites seguros y justos del sistema Tierra para las aguas superficiales y subterráneas (agua azul). Se destaca que los flujos de agua son fundamentales para diversos servicios ecosistémicos, como la limpieza del agua y la recarga de acuíferos.

A nivel global, los flujos de agua superficial y subterránea han sido significativamente afectados durante el Antropoceno debido a la extracción de agua superficial, especialmente para la agricultura, y la proliferación de presas. Esto ha impactado negativamente los ecosistemas acuáticos y terrestres, amenazando los sistemas naturales.

El estudio revela que aproximadamente 2.600 millones de personas, casi un tercio de la población mundial, viven en cuencas fluviales donde se requiere agua subterránea, ya sea porque están excediendo los límites seguros del agua superficial o porque no cuentan con suficiente agua superficial para satisfacer las necesidades humanas. Además, alrededor de 1.400 millones de personas enfrentan la necesidad de transformar las demandas de agua, ya que superan los límites seguros de las aguas superficiales o experimentan una disminución en la recarga de aguas subterráneas.

El análisis también destaca que 1.500 millones de personas viven en cuencas fluviales fuera de los límites seguros del agua superficial, lo que requiere transformaciones tanto en el suministro como en la demanda de agua. Estos hallazgos resaltan los desafíos y oportunidades para satisfacer las necesidades básicas de acceso humano al agua, al tiempo que se protegen los ecosistemas de aguas superficiales y subterráneas.

Para cumplir con los límites seguros y justos del agua, se plantea la necesidad de transformaciones radicales y sistémicas en los sistemas humanos, incluida la renegociación de acuerdos internacionales para compartir el agua, así como la educación del público y los responsables de políticas. Se subraya que estas transformaciones son esenciales para garantizar un futuro seguro y justo para todas las personas y el planeta, dada la presión actual sobre la estabilidad del sistema terrestre debido al crecimiento demográfico, el consumo excesivo y el impacto hidrológico del cambio climático en los ecosistemas acuáticos.