La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) son co-coordinadores del Día Mundial de los Glaciares y del Año Internacional de la Preservación de los Glaciares (2025).

“Los glaciares son uno de los indicadores más visibles y dramáticamente cambiantes del cambio climático”, dijo la Secretaria General de la OMM, Celeste Saulo, en la ceremonia de alto nivel, citando nuevas cifras de la OMM.

  • La mayor pérdida de masa glaciar registrada ocurrió en los últimos tres años y en las 19 regiones glaciares, según el nuevo informe de la OMM sobre el estado del clima mundial 2024 .
  • El Servicio Mundial de Monitoreo de Glaciares estima que, desde 2020 , la pérdida anual de glaciares a nivel mundial equivale a 30 años de consumo mundial de agua. Durante este período, el derretimiento de los glaciares contribuyó con 18 milímetros al aumento global del nivel del mar, incrementando el riesgo de inundaciones costeras para cientos de miles de personas.
  • Para ofrecer otra perspectiva, los glaciares han perdido un total de más de 9.000 gigatoneladas desde 1975. Esto equivale a un enorme bloque de hielo del tamaño de Alemania con un espesor de 25 metros.

 

Este derretimiento acelerado aumenta el riesgo de desastres, amenaza los ecosistemas y altera el ciclo del agua. Desafortunadamente, el retroceso de los glaciares pone en peligro el suministro de agua de millones de personas, poniendo en riesgo el suministro de agua potable, la seguridad alimentaria y la producción de energía.

La ceremonia de alto nivel en Nueva York fue una de varias actividades para conmemorar el Día Mundial de los Glaciares , que se celebra el 21 de marzo, y el Día Mundial del Agua, el 22 de marzo.

En una ceremonia aparte en la sede de la UNESCO en París (Francia), se presentó la edición 2025 del Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos de las Naciones Unidas . Este informe destaca la importancia de las aguas de montaña, incluidos los glaciares alpinos, que son vitales para satisfacer necesidades humanas básicas como el abastecimiento de agua y el saneamiento.

También son esenciales para garantizar la seguridad alimentaria y energética de miles de millones de personas que viven en las regiones montañosas y sus alrededores, así como en las zonas río abajo. Además, impulsan el crecimiento económico a través de diversas industrias que dependen del agua.

Como las «torres de agua» del mundo, las montañas son una fuente esencial de agua dulce. Almacenan agua en forma de hielo y nieve durante las estaciones frías, liberándola durante las estaciones más cálidas como una importante fuente de agua dulce para los usuarios río abajo. Las montañas desempeñan un papel único y crucial en el ciclo global del agua e influyen en la circulación atmosférica, la cual determina los patrones meteorológicos y de precipitaciones.

La ecologización de las infraestructuras grises o su sustitución por infraestructuras verdes puede ser especialmente eficaz en las zonas de montaña.

A nivel de ecosistema, la mayoría de las opciones para abordar los impactos de los cambios que se producen en la criosfera y en alta montaña incluyen la conservación y restauración de la funcionalidad de los ecosistemas para mantener o mejorar los servicios ecosistémicos de escala local a escala regional mediante soluciones basadas en la naturaleza (SBN) o AbE. Actualmente es frecuente que estos enfoques se consideren como un componente de adaptación en las contribuciones determinadas a nivel nacional de muchos países del mundo.

La recarga gestionada de acuíferos es una medida de adaptación que podría emplearse. Se podría utilizar el agua almacenada en invierno para abordar la menor disponibilidad de agua en verano debida a los efectos del cambio climático.

La financiación para la adaptación al clima y la inclusión y contribución del sector privado son factores clave para alcanzar el potencial de adaptación en las montañas. A pesar de que existe una cuantiosa financiación potencialmente disponible para invertir en el desarrollo sostenible de las regiones montañosas, el acceso a los principales programas de apoyo ha sido relativamente limitado. Esto indica que se está infrautilizando una importante opción de respuesta. A nivel más específico, deberían movilizarse fondos locales, nacionales, regionales e internacionales innovadores y asequibles para respaldar la planificación en materia de agua, agricultura y energía, así como la inversión en la infraestructura.

 

FUENTE: Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2025.